martes, 25 de julio de 2017

martes, 18 de julio de 2017

TEXTO. LA DESCOLONIZACIÓN Y LAS FRONTERAS ARTIFICIALES

En la política interna de África y de cada uno de sus países, todo siempre resulta sumamente complejo. La razón de ello radica en que los colonialistas europeos liderados por Bismarck en la conferencia de Berlín, al repartirse África entre ellos, metieron a unos diez mil reinos, federaciones y comunidades tribales que existían en el continente a mediados del siglo XIX —cierto que sin Estado, pero que funcionaban como organismos independientes— en las fronteras de apenas cuarenta colonias. Siendo así que muchos de aquellos reinos y comunidades tribales llevaban a sus espaldas largas historias de conflictos y guerras. Y de repente, y sin que nadie les pidiera su opinión, se encontraron dentro de los límites de una misma colonia y debían someterse a un mismo poder (extranjero, además), a una misma ley. Y ahora había empezado la época de la descolonización. Las antiguas rencillas interétnicas, que el poder extranjero tan sólo había congelado o sencillamente ignorado, de pronto resucitaron y volvieron a convertirse en actuales. Se había presentado la oportunidad de recuperar la independencia, cierto, pero una independencia condicionada: los adversarios y enemigos de antaño debían crear un mismo Estado y, unánimes, convertirse en sus gobernantes, patriotas y defensores. Las antiguas metrópolis y los líderes de los movimientos de liberación nacional africanos adoptaron el principio según el cual si en alguna colonia estallaban sangrientos conflictos internos, tal territorio no obtendría la independencia. El proceso de descolonización debía desarrollarse —así se lo definió— por la vía constitucional, en la mesa de negociaciones, sin grandes dramas políticos y salvaguardando lo más importante: que la circulación de riquezas y mercancías entre África y Europa no sufriese trabas excesivas. La situación en que debía producirse el salto al reino de la libertad colocaba a muchos africanos ante una elección difícil, pues dentro de ellos chocaban dos memorias y dos lealtades que libraban una lucha dolorosa y de difícil solución. Por un lado, se trataba de la memoria, profundamente arraigada, de la historia del clan y del pueblo propios, de quiénes eran los aliados, siempre prestos a ayudar en momentos de necesitarlos, y quiénes los enemigos, a los que había que profesar un sentimiento de odio; y por otro lado, se trataba de entrar en la familia de las sociedades libres y modernas, pero bajo la condición de despojarse de todo egoísmo y ceguera étnicos.


martes, 11 de julio de 2017

El libro del sábado. NIEVE, PAMUK. Sobre laicismo y religión

                                                              


Los acontecimientos de los últimos años sucedidos en Turquía hacen, de nuevo, esencial este libro que nos  muestra la pugna entre laicismo y religión en las zonas rurales de Turquía, en la actualidad generalizada a todo el país por medio de la controvertida figura de Erdogan

jueves, 6 de julio de 2017

EL CONDE DE VILLAMEDIANA Y VARIOS LIBROS PARA EMPEZAR A COMPRENDER EL BARROCO


Muerte del conde de Villamediana  Manuel Castellano. 1868 


Ya sabéis que era Don Juan

dado al juego y los placeres;

amábanle las mujeres
por discreto y por galán.
Valiente como Roldán
y más mordaz que valiente...
más pulido que Medoro
y en el vestir sin segundo,
causaban asombro al mundo
sus trajes bordados de oro...
Muy diestro en rejonear,
muy amigo de reñir,
muy ganoso de servir,
muy desprendido en el dar.
Tal fama llegó a alcanzar
en toda la Corte entera,
que no hubo dentro ni fuera
grande que le contrastara,
mujer que no le adorara,
hombre que no le temiera



Así describía Antonio Hurtado de Mendoza al Juan de Tassis, el famoso Conde de Villamediana, uno de mis personajes históricos favoritos, como más de uno ya sabéis.
Si hoy lo incluyo en el blog no es por sus retratos (de los que ninguno se conserva), ni por su palacio (que se destruyó) sino por representar a la perfección el mundo barroco español,siempre tan sumamente contradictorio. Pues el conde aspiró al poder como si éste fuera una obra de arte, la más compleja y perfecta de todos (como probablemente bien supo Velázquez que no sólo pintó sino estuvo constantemente haciendo política para su rey, Felipe IV).

Pero aún fue más lejos y convirtió su vida en una larga y excesiva pieza de teatro, jugando a las mil maravillas con la palabra clave que nos definirá a los españoles de este Siglo de Oro, las apariencias. Y fue galán (casi un precursor de Don Juan Tenorio), pero también poeta de enrevesados versos, bebedor, jugador y, a la vez, poseedor de un gusto exquisito tanto el vestido como para las obras de arte. Lo fue todo a la vez, y bisexual (muy probablemente), amante de la reina Isabel y también de la propia amante del rey (doña Francisca de Tavara), poniéndole doblemente los cuernos al rey que pretendía acaparar a toda costa para convertirse en su valido, en contra del Conde Duque de Olivares.
Y fue amigo de Góngora y enemigo acérrimo de Lope y Quevedo y, cuando se enfadaba, se encerraba en las letrinas de su palacio o escribía un verso. Pues todo formaba parte de los complejos engranajes del siglo XVII, la brutalidad más descarnada y las más hermosas palabras, lo refinado y lo grotesco, el meticuloso protocolo de la corte y las peligrosas noches entre tabernas, prostíbulos y duelos en la penumbra.

Así es cómo debemos entender nuestro arte barroco, como una representación, una pura ficción (pensad, de nuevo en Velázquez) en donde se unen reyes y bufones, tabernas y escenas religiosas. Un lugar en donde los dioses acaso no son tan perfectos (la fragua de Vulcano) o las Venus desnudas son mujeres de carne y hueso que, sin embargo, al reflejarse en un espejo, se convierten en puras manchas.




Todo este mundo de puras contradicciones Cervantes ya lo supo ver en su Quijote que veía gigantes o princesas en donde Sancho veía molinos o puras campesinas; algo parecido a lo que sucedía en la vida real de podredumbre, vicios, hambre y fanatismo religioso que se convertía, sin sorpresa ni transición, en el lujo más desaforado de la corte, sus trajes negros, sus ademanes medidos en la interpretación de sus vidas. (Como diría De la Flor, un mundo que antepone el imago a la imagen)


La vida es el gran teatro del mundo, diría Calderón, pero mucho antes el Conde de Villamediana ya lo había demostrado, interpretando una vida azarosa, siempre al filo de la navaja afilada que al final terminó por matarle, pues tenía tantos enemigos como versos escritos y aunque fuera un diestro rejoneador (como demostró en numerosas ocasiones en la Plaza Mayor), no pudo desviar su destino trágico, el mismo que vemos en los ojos de Felipe IV que heredó un Imperio que apenas si pudo dejar hecho añicos a un deficiente mental, su hijo Carlos II.




El sueño del caballero. Pereda

Por todo esto, porque el arte del barroco es un espejo (deformado y a veces deformante) de la realidad de un siglo tan contradictorio, para empezar a entender las Meninas es necesario saber cómo vivían los pobres, escuchar sus lamentos sobre un rey al que, al mismo tiempo, odiaban y reverenciaban. Saber de la complejidad para entender el más simple de los bodegones de Zurbarán, pues en aquel momento todo estaba íntimamente unido y se vivía con una pasión que a nosotros (ciudadanos de un mundo políticamente correcto) nos dejaría espantados.

Así que os recomiendo que, si queréis comenzar a comprender la pintura o la arquitectura leáis a Lope o Calderón, pues en sus páginas se explican cosas que nunca encontraréis en los manuales de arte o de historia. Y si no queréis ir tan lejos intentad lo con algo más sencillo, como la serie del Capitán Alatriste de Pérez Reverte o (me da una cierto pudor citarme a mi mismo) con el Señor del Biombo.

Yo, este verano, he aprendido muchísimo de arte barroco leyendo dos novelas históricas. Ladrones de Tinta, de Mateo Sagasta, y el Pintor de Flandes de Rosa Ribas. La primera es fantástica para conocer al pueblo llano de Madrid y moverse por la ciudad como si ésta de verdad aún existiera. La segunda habla de un inventado discípulo de Rubens que es utilizado por el conde de Villamediana para trazar un ambicioso proyecto político. Las dos son lecturas fáciles y, sobre todo la primera, verdaderamente apasionante.




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También os recomiendo.
http://www.jornada.unam.mx/2000/11/19/sem-sarabia.html  (Sobre las sátiras de los escritores del Siglo de Oro)

martes, 27 de junio de 2017

LOECHES. LA ÚLTIMA MORADA DEL CONDE DUQUE DE OLIVARES CON SORPRESA FINAL


No puedo evitarlo. Al pensar en el Conde duque, la primera imagen que me viene a la cabeza es el retrato que le hizo Velázquez en 1634, soberbio y pagado de sí mismo, sobre su montura y con su bastón de mando, dirigiendo una batalla inexistente sobre el fondo de montañas del Guadarrama. Lo imagino así, como la encarnación del poder sin límites, mezquino y rencoroso. El verdadero reverso tenebroso de la fuerza.
(Por cierto, nunca nadie me ha llegado a explicar convincentemente es por qué Velázquez - que tanto le debía en su carrera cortesana - nos lo mostró de esta manera tan cruel, resaltando su espalda curvada - su chepa, vamos - esa mirada perversa del que se sabe intocable)



El Conde duque de Olivares por Velázquez




Sin embargo, y siendo objetivo, tengo que reconocer que el Conde-duque fue, tanto en lo personal como en lo político, una figura histórica de mucho más relieve que esta simple apreciación.
Si se lee la biografía que escribió Elliott sobre él (verdaderamente alucinante), nos encontramos con un político de altas miras que, ante todo, quiso volver a recuperar la fuerza de un imperio que ya se encontraba en claro declive. Quiso, también, reorganizar la política interior, intentando hacer colaborar a las arcas reales a los reinos de la periferia que apenas si contribuían a un Imperio casi exclusivamente apoyado en los hombros de Castilla (esta fue la famosa Unión de Armas, que luego tantos conflictos traería a partir de 1640).

En cuanto a lo personal, y aunque son ciertos su soberbia, sus cambios bruscos de carácter o su falta de escrúpulos a la hora de eliminar a sus enemigos (que confundía sistemáticamente con los de España), también lo es su trabajo incansable a favor de un rey (políticamente) tan mediocre como Felipe IV o su profunda lealtad.

Quizás por ello sería más justo recordarle como lo volvió a pintar Velázquez en 1637-38, mucho más contenido y humano, con esos maravillosos negros que sabía utilizar como nadie en la historia del arte el maestro sevillano


 Velázquez. El Conde Duque




En ella nos encontramos al político sagaz y también al hombre, a estas alturas cada vez más cansado por sus múltiples enfermedades y cercano ya a la depresión que le atacará intermitentemente en sus últimos años.
Para entonces su política iba demostrándose cada vez más ineficiente y poco a poco a los problemas externos (Guerra de los Treinta Años) se unirán los internos (rebeliones de Portugal, Cataluña, Andalucía, Aragón, Nápoles…) hasta provocar su destitución en 1643.
Esto provocó una rapidísima cadena de reacciones por parte de sus enemigos que consiguen que sea desterrado a Toro.
Allí residirá hasta su muerte. Dos años en los que la depresión se agravó y desembocó en locura. Quizás no pudo aguantar caer desde tan alto y ser un simple mortal cuando había dominado durante tantos años el mayor Imperio del momento.
Sin embargo, aún muerto, volvió a provocar la polémica. Su cuerpo fue expuesto vestido con grandeza mientras se esperaba el permiso real para poder trasladarlo hasta Loeches, lugar que había adquirido en 1633 y donde había mandado construir un gran monasterio-palacio para su futuro enterramiento.

Así pasaron tres días, y luego varios más en la tétrica procesión que atravesó toda Castilla. Su cuerpo se fue poco a poco descomponiendo pese a los cuidados de los embalsamadores, y aún lo haría más cuando esperó a las mismas puertas de Madrid la llegada de los restos mortales de su hija, enterrada en Santo Tomás y exhumada ahora para ser enterrada en el panteón familiar. Una verdadera vanitas barroca como las que pintara Valdés Leal.


Valdes Leal. Finis Gloriae Mundi. Iglesia de la Caridad. Sevilla
Tomada de



Mientras esperaba, cuentan las crónicas, una gran tempestad se produjo sobre la capital y un rayo vengativo destruyó una torre de una iglesia, como si el espíritu de Olivares se rebelara contra su destino, se dijo en los corrillos de los mentideros de la Villa.
Ahora su memoria descansa en este pueblo del sureste de la Comunidad de Madrid, a menos de media hora de la capital.
Se trata de un gran conjunto arquitectónico del que queda un resto del palacio (en parte ocupado en la actualidad por un Colegio público), un monasterio de ladrillo de madres dominicas, cuyos terrenos ocupan medio pueblo, y una gran iglesia barroca dedicada a la Inmaculada.


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Foto del Palacio e iglesia monasterio

La iglesia tiene una portada muy parecida a la Encarnación de Madrid, pues sus planos fueron realizados por el mismo arquitecto, fray Alberto de la Madre de Dios.

Iglesia del convento. Loeches


El interior, diseñado por Gómez de Mora (el mismo que realizó la Plaza Mayor), consta de una sola nave muy amplia, con cruz latina de brazos cortos, bóveda de cañón con lunetos (los triángulos) y una gran cúpula encamonada (una bóveda falsa, realizada en yeso y madera en vez de piedra), muy típica de la arquitectura barroca española, siempre pendiente de las apariencias pero cada vez más arruinada.


 Interior de la iglesia


Toda su decoración interior se ha perdido y las pinturas actuales son modernas, pero aún nos queda una sorpresa final en el recorrido. Si nos acercamos a un lateral del convento, un cartel nos informa que para visitar la iglesia y el panteón bajemos unas escaleras y busquemos a Francisca.

Acompañados por ella podremos franquear las puertas del recinto y nos encontraremos, nada más entrar, con un gran panteón, idéntico al del Escorial construido por ¡la familia de Alba!, en donde incluso se encuentra ya ubicado la futura morada de la actual duquesa, entre los restos de sus dos maridos.

Ante la sorpresa, Francisca nos explica que el Conde duque murió sin descendencia legítima y sus títulos fueron a parar a la familia de Alba (la que mayor cantidad de títulos nobiliarios atesora en la actualidad). Luego nos indica un lateral en donde se encuentra la lápida del Conde duque y su mujer.


Enterramiento del Conde duque en Loeches




El hombre más poderoso del siglo XVII ahora yace en un lugar que muy pocos suelen visitar, emparentado (por el linaje de su mujer, Inés de Zúñiga) con los afamados Alba que todos los años, en el mes de mayo, visitan la capilla entre un terremoto de paparazzi. Toda una lección de humildad que la Historia, a veces, nos enseña con sus complicados cambios de rumbo y fortuna.

Qué frágil es el poder, ¿verdad? Deberíamos tenerlo en cuenta para no dejarnos cegar por su posesión y utilizarlo en beneficio de los demás no en el engrandecimiento del propio ego.




miércoles, 21 de junio de 2017

RUMI. UN MOMENTO DE FELICIDAD

Un momento de felicidad,
tú y yo sentados en la varanda,
aparentemente dos, pero uno en alma, tú y yo.
sentimos el Agua de Vida que fluye aquí,
tú y yo, con la belleza del jardín
y el canto de las aves.
Las estrellas nos mirarán,
y les mostraremos
lo que es ser una fina luna creciente.
Tú y yo fuera de nosotros mismos, estaremos juntos,
indiferentes a conjeturas inútiles, tú y yo.
Los papagayos del paraíso harán el azúcar crujir
mientras reímos juntos tú yo.
de una forma en este mundo,
y de otra en una dulce tierra sin tiempo.


Tomado de ciudadseva.com

martes, 20 de junio de 2017

VILLAMEDIANA, EL CORREO Y UNA CALLE DE MADRID


Calle Postas

Gran parte de los madrileños (y no digamos los turistas) que recorren la calle Postas (un lugar vital, pues comunica la Puerta del Sol con la Plaza Mayor) sabe que allí vivió el gran Conde de Villamediana, con su palacio frente a las antiguas gradas de San Felipe (en el actual inmueble que ocupa la actual Mallorquina).


Y es que, y además de todos sus devaneos, duelos y otras maldades, el conde recibió su título como Correo Mayor del Reino, teniendo sus caballos para el transporte del correo (postas) en esta calle que lindaba con su palacio

lunes, 12 de junio de 2017

Texto. La magia en el Renacimiento. Giordano Bruno

Moisés fue un mago muy astuto, y como era un experto en el arte de la magia, venció a todos los magos del Faraón, y que fingió que había hablado con Dios en el monte Sinaí, y que la ley que entregó al pueblo hebreo era fingida e imaginada por él". 
(...)
La magia, que por sí no es ilícita, pues está basada en las fuerzas de la naturaleza mediante la observación de los tiempos y de las disposiciones del cielo, y de la aplicación de una materia con la otra, y la relación de los principios pasivos inferiores con los activos superiores, como fácilmente suelen proceder los magos en la producción de los animales imperfectos, como moscas, ranas, serpientes, ratones y otros similares, sin que nunca aparezca ninguna producción de animales perfectos.

sábado, 10 de junio de 2017

SAMARCANDA EN LAS PALABRAS DE CLAVIJO


En esta ciudad de Samarcante se tratan de cada año muchas mercadurías de muchas maneras que allí vienen del Catay y de la India de Tartaria, y de otras muchas partes, y de su tierra, que es abastada, y porque en ella no había plaza solemne para en que se vendiesen ordenada y regladamente, mandó el Señor que fuese hecha por la ciudad una calle que tuviese de una parte y de otra boticas en ella, y tiendas para en que se vendiesen las mercadurías, y que esta calle comenzase de un cabo de la ciudad, y fuese hasta el otro, que atravesase toda la ciudad: la cual obra encomendó a dos Mirassaes suyos, haciéndoles saber, que si no ponían en ello toda su diligencia, haciendo labrar de día y de noche, que con sus cabezas lo contentarían. Los cuales Mirassaes comenzaron su obra derrocando cuantas casas hallaban por do el Señor mandaba ir la dicha calle, fuesen cuyas quisiesen, que no se cataban sus dueños, salvo cuando les derrocaban las casas, y salían y la calle era cubierta de bóvedas con ventanas, por do entraba la lumbre.
(...)
La ciudad de Samarcante está asentada en un llano, y es cercada de un muro de tierra, y de cavas muy hondas, y es poco más grande que la ciudad de Sevilla; pero de fuera de la ciudad hay muy gran pueblo de casas, que son ayuntadas como barrios en muchas partes: ca la ciudad es toda en derredor cercada de muchas huertas y viñas, y duran estas huertas en lugar legua y media, y lugar dos leguas, y la ciudad en medio, y entre estas huertas hay calles y plazas muy pobladas, ca vive mucha gente, y venden pan y carne, y otras muchas cosas, así que lo que es poblado de fuera de los muros, es muy mayor pueblo que lo que es cercado. Y entre estas huertas que de fuera de la ciudad son, están las grandes y honradas casas, y el Señor allí tenía los sus palacios y cavas honradas. Otrosí los Grandes hombres de la ciudad las sus estanzas y casas entre estas huertas las tenían, y tantas son estas huertas y viñas y cerca de la ciudad, que cuando hombre llega a la ciudad, no parece si no una montaña de muy altos árboles, y la ciudad asentada en medio: y por la ciudad, y por entre estas dichas huertas iban muchas acequias de agua, y entre estas huertas había muchos melonares y algodones, y los melones de esta tierra son muchos y buenos, y por Navidad hay tantos melones y uvas, que es maravilla: y de cada día vienen muchos camellos cargados de melones, tantos que es maravilla cómo se gastan y comen, y en las aldeas hay tantos de ellos, que los pasan y hacen de ellos como de los higos, que los tienen de un año a otro, y pásanlos de esta manera: córtanlos al través pedazos grandes, y quítanles las cortezas, y pónenlos al sol, y de que son secos, tuércenlos unos con otros, y métenlos en unas seras, y allí los tienen de un año a otro. Y fuera de la ciudad hay grandes llanuras, en que hay muchas aldeas y muy pobladas, que el Señor hizo poblar
(...)
El Señor había tan gran voluntad de ennoblecer esta ciudad, ca en cuantas tierras él fue y conquistó, de tantas hizo llevar gente que poblasen esta ciudad, y en su tierra, señaladamente de maestros de todas artes. De Damasco  llevó los maestros que pudo haber, así de paños de seda de todas maneras, como los que hacen arcos con que ellos tiran, y armeros, y los que labran el vidrio y barro, que los había allí los mejores del mundo. Y de la Turquía llevó ballesteros, y otros de otras partes, cuantos allí halló, y albañiles y plateros, cuantos allí halló, y tantos de éstos llevó, que de todos los maestros y menestriles que quisiereis, hallaríaisles en esta ciudad. Llevó maestros de ingenios y lombarderos, y los que hacen las cuerdas para los ingenios: y estos sembraron cáñamo y lino, que nunca lo hubo en esta tierra hasta ahora.



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